Nadie mejor que la propia Trini para relatarnos su historia.

Hace unos 20 años, en 1983, se publicaba, en el núm. 25 de la revista española “Bruguelandia”, un resumen de su biografía redactado por ella.
 

Trini en su estudio, 1983 Trini en su estudio, 2003


20 años después, en el año 2003, Trini escribía la continuación – o, mejor, la puesta la día – de su esbozo autobiográfico para una entrevista realizada por el periodista Màrius Siurana.

Aquí tenéis ambos textos – el de 1983, y el de 2003. (Las imágenes han sido añadidas por TriniTinture.com).

 

Esbozo autobiográfico, 1983
 

Nací en Lleida en plena guerra civil y, aunque ahora no lo recuerdo, estoy segura que nada más asomarme pensé aquello de “si lo sé, no vengo”. Si traía el lápiz en la mano, como dicen que suelen nacer los dibujantes, probablemente el mío se perdió en medio de aquel follón, porque mi madre no recuerda habérmelo visto puesto hasta los 3 o 4 años, en que ya empecé a llenar de rayas el reverso del recibo de la luz, hojas de calendario, tarjeta de racionamiento, etc.
 

Mi padre era carpintero y su labor artesana me fascinaba. Mi madre se dedicaba a “sus labores” en una casa muy grande con 6 de familia y algunos parientes de paso. Cuando pensé en empezar a prestar mi ayuda en lo posible a la causa común, me decidí por echarle una mano a mi padre. Al salir del colegio iba al pequeño taller y allí me quedaba mientras él salía a hacer trabajos en obras y domicilios; así tomaba los encargos que pudiesen llegar en su ausencia y me entretenía dibujando con su lápiz plano de señalar, sobre los trozos de madera sobrantes.

Trini y su madre, en los años 80

Trini obtiene la medalla por el primer precio de Bellas Artes en Lleida (1955)
A mi familia mi afición al dibujo les parecía tan inútil como bonita. Especialmente le agradaba a mi madre, que algunas veces entre sus múltiples trabajos caseros encontraba una pausa para ponerse a dibujar junto a mí. Recuerdo su estilo muy delicado y personal que aún conserva. Seguramente hubiese alcanzado gran perfección si no se la hubiesen tragado las ollas y demás enseres domésticos. Aquello empezó a crearme inquietud. Me di cuenta que por mi condición de mujer tenía que estar muy al quite si no quería que me cambiasen el lápiz por una escoba.


Naturalmente, en Lleida no había mucho donde escoger si quería encontrar mi camino. Sólo el tren. Lo que me costó convencer a mi familia para que me permitiesen la aventura de salir de casa merecería un par de tomos aparte.

Afortunadamente, tenía una tía abuela en Barcelona y gracias a su intervención se me permitió intentar el lanzamiento. Para mí, que no conocía ni el paisaje del otro lado de la estación, aquello fue algo parecido a lo que sentirían los primeros astronautas.

No puedo decir que mis comienzos fuesen demasiado difíciles. Por caminos que yo misma me busqué, conocí a personas maravillosas que me iniciaron en el cómic. Era una época (sobre los 60) en que estaban muy de moda los cuadernos de hadas y había bastante trabajo. Con las muestras que hice conseguí ya un encargo en una pequeña editorial y aquello fue la primera piedrecita para lograr mi sueño de quedarme en Barcelona y dedicarme a dibujar.

Trini realiza un retrato

Más adelante, y sólo por probar, intenté publicidad. No es que me fuese mal, pero me di cuenta que ni yo la entendía a ella ni ella me entendía a mí.

Cuardernos de la época
Me gustaba el cómic y ya seguí con él. Fueron varias las colecciones infantiles y juveniles en las que colaboré (no recuerdo ya todos los nombres; algunas fueron “Piluchi”, “Mercedes”, “Mª Luz”, “17 años”, etc.) hasta que entré en Bruguera, dibujando alguna “Celia” y varios “Sissi” en todas sus derivaciones.
Pero enseguida llegaron los primeros encargos para Inglaterra y Escocia, y siguieron ininterrumpidamente durante casi 20 años. Son muchísimos los personajes y títulos, pero especialmente en la ya desaparecida revista “Jurtz” hice muchas, muchas series. Me dejó recuerdo la de “Oh, Tinker!” cuya protagonista era una pequeña hada. Detalle de "Oh, Tinker!"


Y es que a pesar de haber dibujado mucho sobre romántico y colegialas, el estilo infantil es el que más siento y creo es lo que mejor consigo.

Encabezamiento de "Curly"

Precisamente de tema infantil sigo haciendo, desde hace 20 años, una página semanal para la revista escocesa “Twinkle”, cuyos personajes son una niña y su corderito “Curly”. Por lo menos en esta serie tengo segura una gran “fan” que espera todas las semanas a que termine la página para que se la explique. Es mi hija de 5 años, mi crítica más dura o halagadora pero sincera, claro.


Mi último personaje es “Emma”, para “Lily”. Se me ocurrió que fuera una bruja moderna para darle algo distinto al tema. Los guionistas se encargaron de desarrollar la idea y esperamos y deseamos siga bien acogida entre las lectoras españolas.

En un corto resumen es éste mi camino hasta ahora.

Con sus penas y sus alegrías como en todas las profesiones (supongo), pero lo más importante para mí es que me siento muy feliz por tener la suerte de poder empezar cada mañana – además de preparar con todo cariño los bocatas para mi familia – con la gran ilusión de ponerme ante mi mesa, para trabajar en lo que más me gusta.

Trini trabajando en su estudio

 

Esbozo autobiográfico, 2003
 

Es hora de retomar el hilo de mi mini-autobiografía que allá por el 1983 me pidieron en la Editorial Bruguera para ser publicada en la revista “Bruguelandia”.
 
Dibujo de Trini por Edmond, publicado en Bruguelandia Fue el siglo pasado, ese que está todavía aquí en la esquina. Pero desde entonces han pasado 20 años, los mismos que se cumplían en aquel momento desde que había empezado a dibujar como profesión y en serio, si es que dibujar cómic tiene algo de serio. Y yo creo que sí, ya veis.

Nos encontrábamos, pues, en el año que había empezado la serie “Emma es encantadora” directamente para España. Estaba yo más “encantada” que la propia Emma, dibujando sobre mi propia idea y para las chicas de mi país.

Portada interior de "Emma"


Portada de "Biggi"

Pero al cabo de dos años aproximadamente la Editorial Bruguera tuvo que cerrar sus puertas y yo me vi absorbida de repente por una editorial muy importante alemana que me ofreció crear una historieta para la revista de chicas y que llevaría el nombre de mi personaje: Biggi.

Trabajé en este encargo más de cinco años. Hacía todas las portadas a color y la historieta tenía 18 páginas. Como “Biggi”, además, salía de forma semanal, se hizo necesario que un equipo de dibujantes se basara en las historias que yo iba haciendo para copiar los personajes a fin de que pudiesen salir las páginas requeridas todas las semanas. Fue muy estresante.


Al publicarse, en Holanda vieron mis dibujos y compraron la “republicación” para su revista TINA. Un día contactaron conmigo mediante un agente y amigo para ofrecerme colaborar semanalmente en su revista con el personaje “Micky”. Y aún estoy ahí. Ahora no hago seriales por razones personales; las historietas cortas, al no tener fecha fija de entrega, me permiten dibujar con respiro.

Detalle de "Micky"

Trini y Nit

Colaboro también desde hace tiempo en la revista “Penny”, holandesa igualmente, en ilustraciones y alguna historieta divertida sobre ponies y caballos. He hecho también otros muchos trabajos, pero en líneas generales os he descrito los más destacados.

Sigo pasándomelo muy bien delante del tablero y espero poder seguir otros veinte años, dentro de los cuales os volveré a dar cuenta de lo trabajado, aunque tenga que hacerlo al dictado... Por lo menos os saludaré y os diré que he sido muy feliz en muchas cosas y estoy muy agradecida a la vida. Pero mi trabajo ha hecho de puntal fuerte en algún momento difícil de los que a todos nos toca pasar. Y ha aguantado bien.

¡Viva el cómic!